El Programa de Encuestas de Coyuntura, auspiciado por el Banco Central del Ecuador, pone a consideración de los usuarios los resultados de la Encuesta N° 72-I-99, realizada en el mes de abril de 1999. Como se conoce, la encuesta está orientada a los señores inspectores de crédito del Banco Nacional de Fomento y a personeros de empresas y gremios vinculados con el sector agropecuario.
En esta ocasión, se presentan los resultados obtenidos en el primer trimestre de 1999, sobre la superficie sembrada y perspectivas de producción de los principales cultivos de ciclo corto.
Los cultivos investigados fueron algodón, arroz de invierno, maíz duro de invierno, maíz suave, cebolla colorada, fréjol y tomate. La siembra y cosecha de estos cultivos están relacionados con la época de invierno, la misma que se inicia en octubre – noviembre y culmina en abril – mayo.
El Programa de Encuestas de Coyuntura agradece los comentarios y sugerencias que se formulen a esta publicación.
En la época de invierno 1998-1999 el área sembrada y las perspectivas de producción de los cultivos de ciclo corto fueron mejores que el año anterior, debido a la normalización del clima que permitió que las actividades agrícolas se desarrollen en forma regular en todo el país.
Los agricultores efectuaron casi con normalidad sus labores culturales, aunque la falta de liquidez impidió efectuar inversiones adicionales para aprovechar la potencialidad del suelo que luego del paso del evento de "El Niño" dejó una buena humedad y los nutrientes necesarios para un adecuado desarrollo de las plantaciones.
En la costa las precipitaciones pluviales ayudaron a los cultivos de ciclo corto en su desarrollo vegetativo y permitieron que las labores culturales se efectúen con normalidad, superando los rendimientos obtenidos en el invierno de 1998, donde las lluvias y el desbordamiento de los ríos casi paralizaron la actividad agrícola en las zonas más afectadas por El Niño.
A pesar que el tiempo se presentó propicio para un repunte de la actividad agrícola, la "restricción de los depósitos bancarios" afectó a la liquidez de los agricultores que no pudieron contar con los recursos financieros necesarios para cumplir con sus obligaciones (tanto con el pago de los sueldos a sus trabajadores como de sus deudas con los proveedores de insumos agrícolas) y gastos necesarios en los cultivos, razón por la que los resultados obtenidos son significativamente menores a los que potencialmente se podría haber obtenido.
A ello se suma que la banca privada cerró sus operaciones de crédito a partir del 8 de marzo de 1999 y el Banco Nacional de Fomento continúo con su política de recuperación de crédito y cierre total de sus operaciones.
Adicionalmente, los caminos vecinales y carreteras de la costa que sufrieron graves daños a consecuencia de el fenómeno de El Niño no fueron arreglados debido a la falta de recursos económicos por parte del Estado, lo que continúa dificultando y encareciendo la actividad agrícola.
El estado de los cultivos investigados fue el siguiente:
Las condiciones de los cultivos del algodón, al igual que el volumen previsto de producción fueron calificados como positivos por los encuestados. Sin embargo el exceso de precipitaciones pluviales aunque menores que el año anterior (cuando la presencia del evento de El Niño impidió un desarrollo normal de la actividad algodonera), incidió para que no se pueda aprovechar en mejor manera el uso de la tierra y obtener rendimientos mayores a los esperados.
El arroz de invierno mejoró ostensiblemente con respecto al del ciclo de invierno del año anterior. La superficie sembrada y el volumen de producción serían mayores en 19% y 25% respectivamente.
Las condiciones de los cultivos, al igual que el volumen de producción de maíz duro de invierno fueron calificados como positivos por los encuestados. La superficie sembrada se habría incrementado en 21% y se esperaría un aumento en el volumen de producción del 30% con respecto al ciclo de invierno anterior.
En 1999, el área sembrada y el volumen de producción de maíz suave disminuyó en 10 y 2% respectivamente, con respecto al año anterior, debido a que muchos agricultores no pudieron financiar adecuadamente sus siembras por la falta de financiamiento.
La situación de cebolla colorada fue considerada como negativa por los informantes; la superficie sembrada fue menor en 12% y, a pesar que los rendimientos por hectárea aumentaron, el volumen de producción sería menor en 2% con respecto al año agrícola anterior.
La situación del cultivo de fréjol fue calificada como negativa. La disminución de las expectativas de demanda tanto del mercado interno como externo, influyeron para que los agricultores disminuyan el área sembrada (-13%) y no realicen los cuidados fitosanitarios correspondientes, por lo que se espera menores rendimientos por hectárea y una disminución del 15% en el volumen de producción.
Según los resultados obtenidos en la encuesta, la superficie sembrada de tomate en fue menor a la de igual período del año anterior (-2%). Sin embargo, los rendimientos por hectárea serían mayores debido a la incorporación de nuevas tecnologías (uso de invernaderos) por lo que se esperaría un mayor volumen de producción (+16%).
Las condiciones de los cultivos al igual que el volumen previsto de producción de algodón fueron calificados como positivos por los encuestados. Sin embargo el exceso de precipitaciones pluviales, aunque menores que el año anterior (cuando la presencia del evento de El Niño), incidió para que no se pueda aprovechar en mejor manera el uso de la tierra y obtener rendimientos mayores a los esperados.
El fenómeno de El Niño a su paso por la costa ecuatoriana si bien tuvo efectos negativos para el país, las secuelas posteriores fueron beneficiosas para los agricultores, pues la tierra fue abonada en forma natural permitiendo que muchos cultivos aumenten su productividad.
En el caso del algodón no se pudo aprovechar las condiciones óptimas del suelo como era la expectativa de los agricultores, debido a la situación económica que atravesó el país en los primeros tres meses del año 1999, la falta de liquidez por la "restricción los depósitos" impidió que los agricultores contraten la mano de obra necesaria para una realización normal de las actividades culturales.
Según los encuestados, los productores de algodón se vieron totalmente impedidos de realizar inversiones adicionales en el cultivo, a pesar de que las condiciones del suelo eran favorables para obtener mayores rendimientos por hectárea.
La falta de financiamiento afectó gravemente a los algodoneros, pues aún las empresas vinculadas al sector tuvieron problemas financieros para otorgarles, como en ocasiones anteriores, semillas, asistencia técnica y financiamiento.
Según FUNALGODON, la fundación tenía previsto apoyar a los agricultores con semillas y financiamiento con el fin de lograr una óptima producción de algodón, pues las condiciones metereológicas eran favorables para el cultivo, sin embargo, la crisis de liquidez cerró la posibilidad de entregar crédito a los agricultores y apenas pudieron proporcionales asistencia técnica.
El costo de producción de una hectárea subió de 2 millones a 4 millones de sucres . Según los informantes, el rápido incremento del precio del dólar experimentado en el primer trimestre de este año elevó considerablemente el precio de las semillas, fertilizantes y pesticidas, pues muchos de estos productos tienen un alto contenido importado.
El Banco Nacional de Fomento continúo con sus problemas de iliquidez lo que implicó que no se reabran las operaciones de crédito para el sector algodonero a pesar de que la coyuntura se presentaba favorable para el cultivo.
La situación de los productores fue calificada como mala.
En el invierno del año agrícola 1998-1999 la situación del cultivo del arroz mejoró ostensiblemente con respecto al mismo ciclo del año anterior. La superficie sembrada y el volumen de producción serían mayores en 19% y 25% respectivamente.
Al bajar las aguas, luego del fenómeno de El Niño, muchas plagas que afectaban al cultivo desaparecieron y el suelo quedó fertilizado en forma natural. Los agricultores aprovechando estas ventajas pudieron ampliar el área de siembra y mejorar la productividad del cultivo.
El uso de la semilla INIAP 11 y 12 permitió reducir el período de maduración del cultivo, así como obtener mejores rendimientos por hectárea y una mayor tasa de extracción en las piladoras.
Según los encuestados, a pesar del entusiasmo de los agricultores en esta siembra, las dificultades económicas que enfrentó el país en marzo de 1999 y la medida tomada por el gobierno de "restringir los depósitos" afectó al financiamiento y liquidez de los arroceros, pues no contaron con los recursos monetarios necesarios para realizar adecuadamente las labores culturales de sus cultivos.
Los pequeños agricultores no tuvieron las posibilidades económicas de efectuar inversiones adicionales y enfrentaron altos costos de las semillas, de los fertilizantes (como la úrea cuyo precio se incrementó en 120%) y de los pesticidas. La escalda del dólar fue el motivo principal para el incremento de los precios.
Según FENARROZ, el 80 % de los agricultores aprovecharon las condiciones del suelo para obtener rendimientos por hectárea óptimos que en el cultivo semitecnificado llegaron a 50 sacas por hectárea y en el tecnificado a 70 sacas, con un incremento del 25%.
La producción de arroz de invierno abastecería plenamente la demanda interna y el excedente sería exportado a Colombia una vez que se solucionen los problemas de comercialización presentados a raíz de una demanda de los productores colombianos tendiente a restringir las compras de arroz ecuatoriano.
El Banco Nacional de Fomento cerró totalmente las operaciones de crédito a los arroceros, por lo cual tuvieron que recurrir al mercado financiero informal con las consiguientes altas tasas de interés, agravándose la situación económica de un porcentaje bastante considerable de agricultores, muchos de los cuales han sobrepasado los límites de pago.
La situación de los productores fue calificada como mala.
En el invierno de 1998-1999 las condiciones de los cultivos, al igual que el volumen de producción de maíz duro fueron calificados como positivos por los encuestados. La superficie sembrada tuvo un incremento de 21% y se esperaría un aumento en el volumen de producción del 30% con respecto al ciclo de invierno anterior.
El clima favoreció el desarrollo normal de las plantaciones, esperándose rendimientos por hectárea mayores a los obtenidos en el año anterior cuando el fenómeno de el Niño afectó gravemente a los cultivos y muchos agricultores perdieron totalmente sus siembras.
Las precipitaciones normales en la costa ecuatoriana permitió a los agricultores aprovechar adecuadamente la humedad y fertilidad natural dejada por el fenómeno de El Niño y aumentar significativamente la superficie sembrada de maíz duro.
Según los encuestados, la medida tomada por el gobierno de "restrigir los depósitos" afectó a la liquidez de los agricultores quienes no pudieron financiar adecuadamente sus labores culturales y cumplir con sus obligaciones financieras.
El Banco Nacional de Fomento continuó con su política de restricción de los créditos para maíz duro, con graves efectos económicos para los agricultores que no contaron con los recursos necesarios para poder aprovechar un suelo en excelentes condiciones de fertilización que les hubiera permitido la oportunidad para recuperarse de las grandes pérdidas económicas que tuvieron el año anterior.
La falta de obras de infraestructura para evitar el desbordamiento de los ríos, de canales de drenaje para la evacuación de las aguas y la reconstrucción de las carreteras continúan siendo los problemas no resueltos del litoral ecuatoriano.
El cantón Quevedo continúa en el primer lugar de producción y rendimientos por hectárea de maíz duro y en este ciclo de invierno incentivados por la forma como quedó el suelo luego del fenómeno de El Niño, los agricultores de la zona decidieron ampliar el área de siembra y esperan que la utilización de híbridos de alta productividad les permita alcanzar rendimientos por hectárea mayores a los 100 quintales.
Empresas como AGRIPAC Y PRONACA siguieron ofertando a los agricultores un paquete tecnológico constituido por híbridos, fertilizantes y pesticidas a cambio de la compra de la cosecha, con un contrato que trata de minimizar los riesgos para el productor.
La situación de los productores fue calificada como normal.
En 1999, el área sembrada y el volumen de producción de maíz suave habría disminuído en 10 y 2% respectivamente, con respecto al año anterior, debido a que muchos agricultores no pudieron financiar adecuadamente sus siembras por la falta de financiamiento.
Los agricultores se vieron desmotivados para ampliar el área de siembra a pesar de las excelentes condiciones climáticas, pues no contaron con los recursos necesarios para el efecto.
Durante los últimos años los agricultores han sembrado maíz suave recurriendo, cada vez más, a recursos económicos proporcionados por el Banco Nacional de Fomento, sin embargo las restricciones en las operaciones de crédito y la congelación de los depósitos impidió un financiamiento adecuado del cultivo. Los agricultores que sembraron lo hicieron con recursos propios o a través del financiamiento extrabancario (sistema tradicional de crédito en el campo) con los consiguientes altos costos financieros.
La falta de financiamiento del Banco Nacional de Fomento para este cultivo se hizo evidente a inicios de año y afectó a las siembras y sus labores culturales, por lo que se espera que los rendimientos por hectárea sean menores.
Según los informantes, la capitalización y rehabilitación del Banco Nacional de Fomento es una necesidad imperiosa para el desarrollo de la agricultura, pues sin financiamiento los agricultores tienen restricciones económicas que les impiden aprovechar la potencialidad del suelo, ampliar el área de siembra y mejorar la productividad.
El maíz suave es un cultivo tradicional y de subsistencia, sin embargo en los últimos años el cambio en las técnicas del cultivo y la cada vez mayor utilización de insumos importados ha incidido para que el costo de producción por hectárea se incremente en función del aumento del precio del dólar, lo que, por otro lado, crea resistencia en los agricultores para que aumenten el área de siembra.
Otro factor que incide negativamente en el cultivo del maíz suave en las zonas de mayor producción como son las provincias de Imbabura, Cañar y Azuay es la sustitución por otros cultivos de mayor productividad y rentabilidad (tomate riñón, mora, tomate de árbol, babaco).
En otras provincias de la región interandina el alto riesgo que implica este cultivo por la presencia de heladas y plagas ha incidido para que muchos agricultores lo sustituyan por pastos para el ganado que es una actividad de mayor rentabilidad y de menor riesgo.
La situación de los productores fue calificada como mala.
La disminución del área sembrada se explicaría por las dificultades económicas que atravesaron los agricultores debido a la falta de financiamiento y de liquidez provocada por la restricción en la operaciones de crédito del Banco Nacional de Fomento y por el congelamiento de los depósitos.
Si bien los agricultores contaron con semillas de alta productividad para obtener rendimientos por hectárea mayores, las labores culturales se dificultaron por la falta de liquidez que afectó gravemente para que los agricultores puedan cumplir adecuadamente con sus obligaciones. La contratación de mano obra disminuyó y en muchos casos se tuvo que utilizar la mano de obra familiar para efectuar el mantenimiento del cultivo.
Los niveles de precipitaciones en la región interandina fueron normales en los primeros meses de este año, lo cual incidió positivamente en el cultivo y su productividad.
Según los encuestados, el Banco Nacional de Fomento continuó con los mismos problemas del año anterior, no contó con los recursos económicos suficientes para reabrir sus operaciones de crédito y sus actividades se dirigieron a la recuperación de la cartera vencida.
El Banco Nacional de Fomento continuó sumergido en una grave crisis provocada por factores políticos que impiden un desarrollo técnico de sus actividades. Los agricultores tuvieron que financiar sus actividades con recursos propios o recurrir a otras fuentes de financiamiento que implican mayores tasas de interés, lo que acarrea graves perjuicios paro los ingresos familiares.
Según los informantes, la inestabilidad económica y política sufrida por el país en el mes de marzo, la escalada del dólar y factores especulativos, influyeron para que el precio de las semillas certificadas se eleven en 25%, los fertilizantes en 30% y los pesticidas en 60%, aproximadamente.
El precio de la cebolla colorada se ubicó en 60.000 sucres por mula (equivalente a dos costales de 100 libras cada uno) y la demanda disminuyó debido a la falta de liquidez de los consumidores con graves pérdidas económicas para los productores que a precio de finca vendieron en 40.000 sucres la mula.
La situación de los productores fue calificada como buena.
La situación del cultivo de fréjol fue calificada como negativa. La disminución de las expectativas de demanda tanto del mercado interno como externo, desmotivaron a los agricultores que disminuyeron el área sembrada (-13%), lo que sumado a los menores rendimientos por hectárea esperados (como consecuencia del escaso mantenimiento y cuidado de las plantaciones), se obtendría una disminución del 15% en el volumen de producción respecto al año anterior.
En las zonas de mayor producción de fréjol, como son las provincias de Imbabura y Carchi, los agricultores no pudieron financiar adecuadamente sus siembras debido a la falta recursos económicos. El Banco Nacional de Fomento de las sucursales del norte del país atraviesan por una situación crítica en cuanto a liquidez que les impidió canalizar recursos a los productores.
En la costa, la mala situación económica de los agricultores es crítica y no pudieron aprovechar las condiciones óptimas del suelo dejadas después del fenómeno de El Niño para sembrar fréjol de palo.
La medida de la "restricción de los depósitos" tomada por el gobierno impidió a los agricultores realizar inversiones adicionales y apenas pudieron efectuar un mínimo de labores culturales. La mayoría de productores tuvieron que diferir el pago de sus obligaciones y financiaron sus siembras con los escasos fondos propios o provenientes de otras fuentes informales de crédito.
La dinámica experimentada en estos últimos años por este cultivo, ha permitido a los agricultores que intensifiquen sus siembras, sin embargo la situación crítica que atraviesa el país ha sometido a los productores a restricciones económicas fuertes que ha incidido para no utilicen los insumos en la cantidad que la técnica exige con graves repercusiones en la productividad del cultivo.
A pesar que la producción de fréjol se hace cada vez más extensiva en el norte del país y los agricultores se han organizado para mejorar la productividad del cultivo (pasar de etapa tradicional a la de semitecnificado) los esfuerzos de los agricultores quedan disminuidos debido a que no se pueden concretar aspiraciones como la instalación de un centro de acopio para almacenar el grano, pues ello requiere fuertes inversiones que no están en capacidad de cubrirlas o de encontrar recursos prestables en condiciones de costo y plazo adecuados.
La limitación que han puesto las autoridades colombianas a nuestros productos afectará gravemente a los agricultores que han visto en este producto una fuente importante de ingresos para el mejoramiento de su nivel de vida.
En general, la situación de los productores fue calificada como mala por la mayoría de los encuestados.
Según los resultados obtenidos en la encuesta, la superficie sembrada de tomate en los primeros meses de 1999 fue menor a la de igual período del año anterior (-2%). Sin embargo, los rendimientos por hectárea serían mayores debido a la incorporación de nuevas tecnologías, a través del uso de invernaderos, por lo que se esperaría un mayor volumen de producción (+16%).
En las zonas de mayor producción de tomate (Ibarra, Pimampiro, Mira) los agricultores intensificaron el uso de invernaderos, no sólo porque les permite aumentar la productividad, sino también porque en el mediano y largo plazo reducen los costos de producción, pues el uso de plaguicidas, insecticidas y fertilizantes se reducen drásticamente, lo que a su vez mejora los precios de venta.
Según los encuestados, está técnica israelí de utilizar invernaderos para la producción de ciertos productos como tomate ha comenzado a generalizarse en el norte del país debido a los excelentes rendimientos obtenidos, pues por planta se obtiene hasta 8 kilos cuando en el sistema tradicional no pasa de los 2 kilos y en términos de área en 1.000 metros de invernadero se obtienen 1500 cajas cuando en el sistema tradicional por hectárea se obtienen 800 cajas de tomate.
La técnica de los invernaderos permite optimizar el uso del agua, debido a que el riego es por goteo. En los cantones del norte del país el agua es escasa y la producción agrícola depende de las precipitaciones pluviales, el suplir esta deficiencia ha permitido aumentar la productividad del cultivo del tomate.
El uso intensivo de pesticidas constituye una práctica común entre los agricultores dedicados al tomate, en muchos casos llegan a 18 fumigaciones por planta. Con el uso de invernaderos esta práctica se reduce a 3 fumigaciones por planta, disminuyendo los costos de producción y mejorando la calidad del tomate, con grandes beneficios para los consumidores.
El precio de la caja de tomate de invernadero se ubicó en el mes de abril en 100.000 sucres la caja, con una alta rentabilidad para los productores, a diferencia del tomate cultivado tradicionalmente que se ubicó en 50.000 sucres la caja.
En la costa ecuatoriana, aprovechando las condiciones climáticas y el suelo que quedó abonado luego del paso del fenómeno de El Niño, se espera incrementar el área sembrada, lo que les permitirá a los agricultores obtener excelentes rendimientos por hectárea y recuperarse de las pérdidas del año anterior.
La situación de los productores fue calificada como normal.